28 de marzo de 2014

Jean François Millet

Este gran artista a quien copiaba Vincent Van Gogh y a quien admiraban los principales filósofos de su época, que pugnaban por su amistad, a pesar de fallar en sus obras una y otra vez, porque no era buen pintor, pues no destacaba ni por su manejo del color, ni por su refinado dibujo, ni su perfecta perspectiva o exquisita técnica, pero sí había algo que todos le reconocemos: su integridad y honradez a la hora de hacer cualquier imagen, tanta que cada uno de sus cuadros parece un sueño.

























Jean-François Millet nació el 4 de octubre de 1814 en la aldea normanda de Gruchy, Gréville (Manche), dentro de una familia católica de agricultores relativamente acomodados. El joven Jean-François completará sus estudios de pintura y, al parecer, su familia no habría puesto obstáculos a su vocación de pintor, enviándolo a Cherbourg en 1833 para estudiar con Mouchel, un retratista local que había sido discípulo de Jacques Louis David.

Luego estudiará con Jérôme Langlois (1779-1838) —un seguidor de Antoine Jean Gros— quien, habiendo fallecido el padre de Millet, conseguirá para el joven una beca del Consejo Municipal de Cherbourg. Así viajará a París en 1837 y será alumno de Paul Delaroche (1797-1856), pintor romántico de temas históricos. No parece haber tenido demasiado interés en este taller donde sólo veía “grandes viñetas y efectos teatrales sin verdadera emoción” y donde adquirió fama de“hombre de madera” entre sus compañeros.

Esta fama de huraño hará que Claude Monet recuerde que, en los comienzos de su carrera, un amigo desalentaba su deseo de conocer personalmente a nuestro artista, diciéndole: “Millet es un hombre terrible, muy orgulloso y altivo; te insultará”. En París, Millet frecuentará el Museo del Louvre donde estudiará a los grandes maestros de la pintura.

En los inicios de su carrera, por dificultades económicas —además de la influencia de sus maestros de Cherbourg— se dedicará al género del retrato. Retrata a la burguesía de la zona, a la que pertenecen los miembros de la familia de su primera mujer, Pauline Ono. Sin embargo se le nota que no le gustan, a mi tampoco y por éso no los saco hoy aquí, ni siquiera parecen cuadros hechos por él.

Escribe Vincent van Gogh en una carta de 1884: “¿Por qué [Millet] rompió con sus amigos del comienzo, que sin embargo lo subvencionaban? Y Sensier habla bastante de eso como para permitir adivinar dónde le había apretado el zapato: Aquéllos consideraban a Millet como una personalidad mediocre y medían su obra con el mismo rasero. Eso le molestaba, y molestaron a Millet hasta el día en que el cántaro, después de haber ido durante mucho tiempo a la fuente, se rompió.

Sin embargo Sensier no da detalles de este período; como si hubiera comprendido que Millet, para quien esa época había sido una época molesta, prefiriera no recordarla. Sensier cuenta que Millet, cada vez que pensaba en su primera mujer y en los días penosos de antaño, se agarraba la cabeza entre las manos con un gesto que dejaba suponer que la oscuridad opaca y la indescriptible tristeza de entonces lo agobiaban nuevamente. Su segundo casamiento le produjo una mayor felicidad; pero él había roto con esa gente”.

Entre 1845 y 1848 algunas de sus pinturas mostrarán escenas pastorales, bucólicos desnudos o fiestas galantes. En ese último año enviará al Salón su cuadro El aventador (1847-48, colección particular, Estados Unidos), una obra que inaugura la pintura campesina y que obtiene éxito, en gran parte debido al clima creado por los acontecimientos de la Revolución de 1848.

Al año siguiente Millet, quien luego del fallecimiento de su primera esposa estaba unido a Catherine Lemaire, se va a vivir con su familia a Barbizon, para alejarse de la epidemia de cólera de París.

En esta aldea, situada en las márgenes de los bosques de Fontainebleau y en la que vivirá hasta su muerte, se relacionará con el grupo de pintores que desde la década anterior se habían establecido allí. Los miembros de la denominada Escuela de Barbizon compartían, como sabemos, un rechazo frontal al arte de los Salones y el deseo de Rousseau de“conservar intacta la impresión virgen de la naturaleza” en sus paisajes. Millet se mantiene física y afectivamente cercano a este grupo de pintores y, aunque coincide con ellos en el rechazo al academicismo y en el interés por la naturaleza, también manifiesta una postura independiente.

En forma paralela Millet pintará un número importante de composiciones de tema literario y religioso, en las cuales el contenido alegórico presente en toda su obra estará más explícito. Sus obras van adquiriendo cierta repercusión (aunque no siempre positiva para la crítica).

La situación familiar y económica (tiene nueve hijos) lo lleva en 1860 a firmar un contrato con Blanc y Stevens, dos marchands belgas, por el cual se compromete a pintar veinticinco cuadros a un valor de 1.000 a 2.000 francos, de acuerdo con su tamaño. Este contrato, que se resuelve en 1866, resultará una carga pesada para el artista.

Los envíos de Millet al Salón continúan teniendo una aceptación dispar: su Gran esquiladora de 1861 recibe elogios generalizados casi por primera vez en su carrera, pero dos años después, El hombre de la azada (1863, colección particular, Estados Unidos) provocará un escándalo. No a toda la crítica le agradaba su simpatía por el socialismo.

Entre 1865 y 1869 se dedica a la técnica del pastel realizando una serie de dibujos que están entre lo mejor de su producción. En 1866 se instala en la localidad de Vichy, por problemas de salud de su mujer, y se refuerza su interés por el paisaje. Millet realiza en esta época sus cuadros más optimistas.

En los últimos años su obra comienza a ser reconocida. La Exposición Universal de 1867 ofrece una retrospectiva del artista y, un año después, es condecorado con la Legión de Honor. A pesar de este reconocimiento tardío en su vida, el 20 de enero de 1875 muere y deja a su familia en una situación económica difícil. Pocos años después, su obra El Angelus es vendida a un comprador estadounidense, con ello comienza un tumultuoso éxito.