31 de enero de 2016

Gustave Moreau


(París, 1826 - id., 1898) Pintor francés. En 1857 realizó un viaje a Italia que le permitió conocer la obra de clásicos como Miguel Ángel o Mantegna, y obtuvo el reconocimiento de la crítica en el Salón de 1864, con Edipo y la Esfinge. Su período de madurez se inició a partir de 1870. Su obra muestra una clara preferencia por los temas históricos, bíblicos y mitológicos, siempre desarrollados de forma inquietante y evocadora, a través de la recreación de atmósferas exóticas, a menudo orientales, y del dramatismo de las escenas. Destaca también su particular sentido del color, especialmente llamativo por sus brillos dorados. De entre sus pinturas cabe destacar, entre otras, La aparición (1876), Quimera (1884) y Júpiter y Semele(1896). Perteneciente a la corriente simbolista, Moreau inspiró a los futuros artistas surrealistas, sobre todo a André Breton, Max Ernst y Salvador Dalí. Su obra se exhibe en su mansión parisina, que en 1902 pasó a ser el Museo Gustave Moreau.

Gustave Moreau (detalle de un Autorretrato de 1850) 

La obra de Gustave Moreau es uno de los antecedentes más importantes del decadentismo finisecular. Fascinado por lo legendario y lo divino, se aburría con el dibujo del natural y la descripción fiel de la naturaleza. Basándose en las sagradas escrituras y en la mitología elaboró una ambiciosa obra que, alejada del academicismo imperante, proponía una poética de la sugerencia y la ambigüedad.

Su primer éxito fue Edipo y la esfinge (1864, Metropolitan Museum, Nueva York), obra en la que expone su concepción del artista como héroe enfrentado a un destino fatal, el cual no es otro que la incomprensión por parte de la muchedumbre. La interpretación que Moreau hizo del mito griego de Edipo y la Esfinge se inspira en la obra de Ingres del mismo nombre, que data de 1808. Ambos pintores escogieron el momento en que Edipo se enfrenta con el monstruo en un paso rocoso de las afueras de Tebas; a diferencia de sus otras víctimas, Edipo pudo resolver el enigma y salvarse a sí mismo y a los tebanos. La tela tuvo una excelente acogida en el Salón de 1864; ganó una medalla y confirmó la reputación de Moreau.

Detalle de Edipo y la esfinge (1864) 

Casi todas sus obras cuentan con un buen número de estudios previos, porque su proceso de trabajo consistía en hacer esbozos del natural que después utilizaba en el estudio para realizar sus grandes composiciones. Éstas fueron cada vez más complejas, englobando elementos heterogéneos, destinados a crear un clima sensual y mítico al mismo tiempo: la historia y el relato bíblico confluyen en ellas de forma sugestiva. A propósito del acabado meticuloso de cuadros como Los unicornios (1852-1898) y Júpiter y Semele (1896), ambos en el Museo Moreau de París, se le ha calificado de habilidoso orfebre o miniaturista.

Moreau exalta al héroe ubicándolo en ambientes suntuosos donde los detalles arquitectónicos poseen vida orgánica. La aparición (1876, Museo Gustave Moreau), representa la culminación del estilo del pintor, preciosista y un tanto mórbido en la expresión y los temas. El cuadro presenta la historia bíblica de Salomé y San Juan Bautista de modo perturbador: la cabeza del Bautista se ha elevado de la bandeja y, rodeada de una aureola, dirige su inquietante mirada a Salomé, que con gesto de espanto rechaza la horrenda visión.

En contraste con la vida solitaria que había llevado durante toda su vida, Moreau fue nombrado en 1892 profesor de pintura de la Escuela de Bellas Artes de París, donde fue muy apreciado por artistas como Matisse y Rouault. Obsesionado por la fama póstuma, legó su inmenso taller y las obras que contenía al estado francés, siendo su primer conservador Georges Rouault. A pesar de ello, su obra parecía estar destinada al olvido, hasta que los surrealistas se interesaron por la complejidad de sus composiciones.