
Durante la Revolución Cultural de Mao Tse-tung en China, Karl estaba obligado a pintar sólo las imágenes de propaganda que el gobierno le exigía. Sin embargo, en 1984 se le permitió emigrar a los Estados Unidos, donde Karl era libre para pintar su verdadera pasión – hermosas mujeres, diosas, y el arquetipo femenino – a partir de distintas razas y culturas. Este tema central de toda la obra de Karl Bang está exquisitamente desarrollado y perfeccionado en cada una de sus imágenes. Para Karl, en las mujeres la pintura hay mucho más que su belleza externa. Él ve a las mujeres como ejemplo típico de los instintos más suaves de la humanidad – la crianza, la gentileza, la verdad y la fuerza interior.